¿Dónde no está el Espíritu? ¿Qué vida no es insuflada por Su hálito continuo?
El Todo está latente en cada parte. Sólo lo valioso es indestructible. Sólo lo esencial es inviolable.
Nada puede destruir ni separar la energía. La percepción de la división es una mentira. Todo puede ser como un paseo en la barca de la vida.
Nadie puede borrar los elementos. Lo elemental siempre sobrevive al tiempo.
¿Quién puede extinguir al espíritu del fuego? ¿Quién podría ahogar al espíritu del océano, del lago o del río? ¿Cómo podría el espíritu del aire ser prendido?
No, no hay nadie que pueda enterrar la tierra, ni nada hará desaparecer todos los granos de arena. Y, además, la mañana siempre nos espera.
¿Dónde no habita el Espíritu?
Estés donde estés, el espíritu siempre irradia desde dentro, contigo.
El fuego interior te ilumina, cascadas de instantes te bañan, el aire te insufla vuelos, la Tierra sostiene tu firmamento. ¿Para qué más? Cuanto más cerca miras, más lejos llega tu mirada. Cuanto más sueñes, más lúcido y despierto duermes.
Déjate atrapar por la magia, ábrele un portal a lo inesperado, apuéstate la vida a la risa. Así reza la inmutable nigromancia, la que no es afectada por las circunstancias.
Vive la vida mágica, si estás muy atento puedes diseñártela. Soltando la ilusión de que llevas el rumbo. Entregándole tu vida a la aventura. De todas formas, tu vida no es tu vida, cualquier día la muerte te la reclama como suya.
La vida mágica es mantener nuestra visión creativa, seguir tejiendo la confianza en el cambio evolutivo y estar dispuestos a dejarse las entrañas por el camino. Al fin y al cabo, hagamos lo que hagamos, todos las perdemos, algún día de éstos la muerte nos las pulveriza. Mientras, lo que tú quieras puede estar a la vuelta de la esquina. ¿Dónde no está el Espíritu?
Un pozo profundo, una torre de cristal, una cueva recóndita, una cabaña sobre el agua, tú eliges tu morada interior. Pero ¿dónde no está?
Aún sobrevive, latente, la arcana vida mágica, vertida desde el interior, susurrada en murmullos que acunan, arrulladores sonidos de símbolos que descifran lo indescifrable. Es verdad, en cada hálito está, latiendo, agazapada, esperando a ser invocada. Una vez reclamada nada podrá sepultarla, sólo responderá al invocador, al portador de la llama, al que sostiene el farol en la atalaya. El taumaturgo de la vida mágica se ríe de todo, porque sabe cómo materializar la risa, cómo traerla de la nada a habitar la rutina y hacer que sobreviva.
Arcana vida mágica, la cuna de los susurros, la antorcha prendida en la noche de los tiempos. No se apagará, no se extinguirá tu sabiduría. Tu voz viviente, cual semilla, la propagará el viento, que despertará a todos los que sin sueños, sin memoria, duermen el momento.
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miércoles, 8 de febrero de 2012
martes, 7 de febrero de 2012
Miedo
Hermoso miedo a lo desconocido:
Voy a contarte cómo volveremos a fundirnos en un mismo fuego purificador.
No me interesa saber de dónde vienes. Sé que mutas tu forma para despistar, que te ocultas porque te sientes despreciado. Sé que siempre te has creído un monstruo, un morador de la sombra, un bicho repudiado. Pero yo no te quiero escondido. No.
Yo sólo quiero cogerte de la mano. Quiero perder toda la cordura y abrazarte hasta que ambos recordemos que formamos parte de la misma energía. Y así es como va a suceder.
Verás, yo dejaré de ignorarte y tú dejaras de esconderte, avergonzado. Pasearemos juntos por todos los pasillos de la casa de la vida. Tú me mostrarás las sombras de las ventanas, me señalarás los recovecos y rincones oscuros de mis atrapadas vivencias. Y yo te enseñaré a no temerle a la consciencia, te recordaré cómo se silba la melodía de la confianza en Todo Lo Que Es.
Ya sé, hermoso miedo a lo desconocido, que tienes mucho miedo. Cojámonos de la mano, salgamos al exterior, surcando lo ignoto encontraremos las maravillas inimaginables. ¿No es excitante?
Mira, cuando paseemos bajo la luz de la mañana vamos a reírnos de todo, porque si lo miras bien, todo tiene su gracia. Todo es como una explosión de regocijos, una cosmología firmada por lo inesperado. Así es cómo interactúa lo desconocido.
Muy pronto entenderás que todo sale de la nada.
Ahora que podemos mirarnos a los ojos podemos vernos tal como somos. Una vez desnudados del peligro notaremos la caricia del hallazgo, sentiremos el beso de la revelación, flotaremos sostenidos por el vacío.
Hemos caminado siempre juntos, sólo que tú, agazapado en la sombra, vivías a mis espaldas, y yo lo permitía, porque siempre tuve miedo de ti. Y ahora, mírate, has crecido hasta el punto de que ya no nos podemos ignorar más.
Hermoso miedo a lo desconocido, me he dado cuenta de que mi alma guarda, en lo profundo de sus entrañas, un cofre que contiene una inconmensurable gratitud hacia ti. Ese cofre representa tu energía y tu lealtad.
Escucha, amigo, una parte de mí viene del futuro. En ese futuro, que para nosotros ahora es una utopía lejanísima, yo comprendo que siempre fuiste necesario para poder expandirme, que eras indispensable para trascenderme. Mucha energía vivida y no resuelta debía ser escondida en alguna parte, hasta que, en el reloj del universo, se alcanzara la hora cósmica, la hora de la sanación de la energía temerosa.
La hora ha llegado. Invádeme con toda tu esencia miedosa. Ya estamos preparados, hermoso miedo a lo desconocido. Puedes volver a casa, ayudante. Puedo sostener toda mi energía acumulada en este globo. Los guardianes de sueños ya estamos listos para mover la energía. Estamos dispuestos a introducirnos en la espiral creativa.
Parece mentira, amigo. ¡Tanto tiempo, juntos! Y he aquí que ya ha llegado el momento de la despedida. Es gracioso, cooperante, ahora que nos estábamos mirando frente a frente, debemos alejarnos. Ahora que comprendo tu belleza, he de dejarla libre, para que tú, por fin, vueles a casa.
Te amo, hermoso miedo a lo desconocido. Fuiste un guía único, un valioso maestro altruista que caminó para servirme en mi camino. Nunca te olvidaré. En la piel de mi memoria llevaré siempre tu nombre escrito.
Voy a contarte cómo volveremos a fundirnos en un mismo fuego purificador.
No me interesa saber de dónde vienes. Sé que mutas tu forma para despistar, que te ocultas porque te sientes despreciado. Sé que siempre te has creído un monstruo, un morador de la sombra, un bicho repudiado. Pero yo no te quiero escondido. No.
Yo sólo quiero cogerte de la mano. Quiero perder toda la cordura y abrazarte hasta que ambos recordemos que formamos parte de la misma energía. Y así es como va a suceder.
Verás, yo dejaré de ignorarte y tú dejaras de esconderte, avergonzado. Pasearemos juntos por todos los pasillos de la casa de la vida. Tú me mostrarás las sombras de las ventanas, me señalarás los recovecos y rincones oscuros de mis atrapadas vivencias. Y yo te enseñaré a no temerle a la consciencia, te recordaré cómo se silba la melodía de la confianza en Todo Lo Que Es.
Ya sé, hermoso miedo a lo desconocido, que tienes mucho miedo. Cojámonos de la mano, salgamos al exterior, surcando lo ignoto encontraremos las maravillas inimaginables. ¿No es excitante?
Mira, cuando paseemos bajo la luz de la mañana vamos a reírnos de todo, porque si lo miras bien, todo tiene su gracia. Todo es como una explosión de regocijos, una cosmología firmada por lo inesperado. Así es cómo interactúa lo desconocido.
Muy pronto entenderás que todo sale de la nada.
Ahora que podemos mirarnos a los ojos podemos vernos tal como somos. Una vez desnudados del peligro notaremos la caricia del hallazgo, sentiremos el beso de la revelación, flotaremos sostenidos por el vacío.
Hemos caminado siempre juntos, sólo que tú, agazapado en la sombra, vivías a mis espaldas, y yo lo permitía, porque siempre tuve miedo de ti. Y ahora, mírate, has crecido hasta el punto de que ya no nos podemos ignorar más.
Hermoso miedo a lo desconocido, me he dado cuenta de que mi alma guarda, en lo profundo de sus entrañas, un cofre que contiene una inconmensurable gratitud hacia ti. Ese cofre representa tu energía y tu lealtad.
Escucha, amigo, una parte de mí viene del futuro. En ese futuro, que para nosotros ahora es una utopía lejanísima, yo comprendo que siempre fuiste necesario para poder expandirme, que eras indispensable para trascenderme. Mucha energía vivida y no resuelta debía ser escondida en alguna parte, hasta que, en el reloj del universo, se alcanzara la hora cósmica, la hora de la sanación de la energía temerosa.
La hora ha llegado. Invádeme con toda tu esencia miedosa. Ya estamos preparados, hermoso miedo a lo desconocido. Puedes volver a casa, ayudante. Puedo sostener toda mi energía acumulada en este globo. Los guardianes de sueños ya estamos listos para mover la energía. Estamos dispuestos a introducirnos en la espiral creativa.
Parece mentira, amigo. ¡Tanto tiempo, juntos! Y he aquí que ya ha llegado el momento de la despedida. Es gracioso, cooperante, ahora que nos estábamos mirando frente a frente, debemos alejarnos. Ahora que comprendo tu belleza, he de dejarla libre, para que tú, por fin, vueles a casa.
Te amo, hermoso miedo a lo desconocido. Fuiste un guía único, un valioso maestro altruista que caminó para servirme en mi camino. Nunca te olvidaré. En la piel de mi memoria llevaré siempre tu nombre escrito.
Cuenta
Todo suma. Todo cuenta.
Todo es vivencia añadida que provoca el avance, que espolea, que te empuja a conocer lo que aún hay de inexplorado. ¡Cuánta belleza de expansiones!
No existe el olvido en el valle que habitan las almas. Allí todo es color, aplauso, alegre encuentro. Se disfruta hasta del lamento, no por sádica morbosidad, no, se disfruta porque, en realidad, todo es un sueño, y lo único que permanece es el amor que se recrea en el juego soñado. Con los ojos de la eternidad un lienzo distinto nos es mostrado. Un lienzo donde hasta el dolor tiene su belleza. Un lugar donde nada es lo que parece, un mundo donde todo suma y todo cuenta.
Nada se te escapa entre los dedos del alma, compatriota de sueños, nada queda congelado en la nada. A menos que así lo quieras...
A mí me solloza el alma, amiga, igual que a ti. Ando un paso y gateo tres, hermana, pero recorro, sólo por no olvidar la magia. Sólo por testimoniar la fantasía.
Yo vivo alertándome a vivir, al igual que tú, alertándome para ser consciente de mis latidos. Sin embargo, sé del pozo del desasosiego y muchas veces me hago daño con el miedo.
Pero sueños y versos me curan este vértigo, palabra tras palabra, acierto tras acierto.
Toda estrofa cuenta, ni un mínimo rastro de vida se escapa entre la niebla.
Amiga, cuenta lo que cuentas. Esta asolación es tan sólo un escenario, una simulación de drama en la gran comedia, un simulacro de andar en tinieblas, un juego soñado.
Todos somos en el fondo un sólo ser, viviendo todas nuestras vidas a la vez.
Amiga náutica, sé de la persecución de los signos de interrogación, conozco la duda que hiere y la que impele, todavía llevo grabada la antigua señal de lo perecedero, pero, a pesar de las cadenas que nos amarran, es bello seguir volando lejos. Y volar cuenta, porque no hay volar sin valor, ni valor sin recompensa. Con estas palabras como arma, a veces, consigo derrotar a la ausencia.
Compatriota de insomnios literarios: cuando todo cuenta, nada es extraviado. ¿Cómo no ha de contar el libro de tu existencia? ¿Cómo no ha de bastar ser testigo fiable de tu propia historia? Pero yo soy sólo una loca que escupe palabras y no entiende de realidades.
Todo suma y todo cuenta, todo se integra, computa, se convierte en leyenda. Así es como, a veces, logro sacudirme la tristeza y ser totalidad con unos pocos fragmentos. De nuestros añicos puede surgir una manera nueva de componerse, sólo se necesita tener ilusión por reconstruirse creativamente. Pero yo soy tan sólo una habitante celeste y no entiendo de terrenales esfuerzos, o de sacrificios para satisfacer una materialista ambición. ¿Qué es la victoria?, ¿qué la derrota? Hay victorias que saben a traición y hay derrotas que hablan de honor y dignidad. Cuanto más conozco las palabras, menos comprendo sus significados.
Dependiendo del lado de la montaña en el que te encuentres verás un paisaje u otro. ¿Por qué mantener el bloqueo de panorámica? Hay muchas cosas que mi mente de pájaro no comprende, demasiadas cosas por las que mi corazón de vagabunda no palpita. Pero aún siento la respiración del cosmos sobre mi pecho...
Todo suma y todo cuenta, nada desaparece entre la niebla.
Todo es vivencia añadida que provoca el avance, que espolea, que te empuja a conocer lo que aún hay de inexplorado. ¡Cuánta belleza de expansiones!
No existe el olvido en el valle que habitan las almas. Allí todo es color, aplauso, alegre encuentro. Se disfruta hasta del lamento, no por sádica morbosidad, no, se disfruta porque, en realidad, todo es un sueño, y lo único que permanece es el amor que se recrea en el juego soñado. Con los ojos de la eternidad un lienzo distinto nos es mostrado. Un lienzo donde hasta el dolor tiene su belleza. Un lugar donde nada es lo que parece, un mundo donde todo suma y todo cuenta.
Nada se te escapa entre los dedos del alma, compatriota de sueños, nada queda congelado en la nada. A menos que así lo quieras...
A mí me solloza el alma, amiga, igual que a ti. Ando un paso y gateo tres, hermana, pero recorro, sólo por no olvidar la magia. Sólo por testimoniar la fantasía.
Yo vivo alertándome a vivir, al igual que tú, alertándome para ser consciente de mis latidos. Sin embargo, sé del pozo del desasosiego y muchas veces me hago daño con el miedo.
Pero sueños y versos me curan este vértigo, palabra tras palabra, acierto tras acierto.
Toda estrofa cuenta, ni un mínimo rastro de vida se escapa entre la niebla.
Amiga, cuenta lo que cuentas. Esta asolación es tan sólo un escenario, una simulación de drama en la gran comedia, un simulacro de andar en tinieblas, un juego soñado.
Todos somos en el fondo un sólo ser, viviendo todas nuestras vidas a la vez.
Amiga náutica, sé de la persecución de los signos de interrogación, conozco la duda que hiere y la que impele, todavía llevo grabada la antigua señal de lo perecedero, pero, a pesar de las cadenas que nos amarran, es bello seguir volando lejos. Y volar cuenta, porque no hay volar sin valor, ni valor sin recompensa. Con estas palabras como arma, a veces, consigo derrotar a la ausencia.
Compatriota de insomnios literarios: cuando todo cuenta, nada es extraviado. ¿Cómo no ha de contar el libro de tu existencia? ¿Cómo no ha de bastar ser testigo fiable de tu propia historia? Pero yo soy sólo una loca que escupe palabras y no entiende de realidades.
Todo suma y todo cuenta, todo se integra, computa, se convierte en leyenda. Así es como, a veces, logro sacudirme la tristeza y ser totalidad con unos pocos fragmentos. De nuestros añicos puede surgir una manera nueva de componerse, sólo se necesita tener ilusión por reconstruirse creativamente. Pero yo soy tan sólo una habitante celeste y no entiendo de terrenales esfuerzos, o de sacrificios para satisfacer una materialista ambición. ¿Qué es la victoria?, ¿qué la derrota? Hay victorias que saben a traición y hay derrotas que hablan de honor y dignidad. Cuanto más conozco las palabras, menos comprendo sus significados.
Dependiendo del lado de la montaña en el que te encuentres verás un paisaje u otro. ¿Por qué mantener el bloqueo de panorámica? Hay muchas cosas que mi mente de pájaro no comprende, demasiadas cosas por las que mi corazón de vagabunda no palpita. Pero aún siento la respiración del cosmos sobre mi pecho...
Todo suma y todo cuenta, nada desaparece entre la niebla.
Soy, luego soy
Mientras el método discursa...
Al liberarse de todo se está más enraizado que nunca. Liberarse es abarcar. Si se liberan todos los planes incluyes todos los planes. Todo plan se ha realizado ya, nada es creado, sino recreado en este recreo. Ni me creo ni me destruyo, luego me transformo.
En el juego de este sueño, si sólo te entretienes pierdes, aunque salgas vencedor. Si lo disfrutas hasta el punto de convertirte en afirmación andante, estás a salvo.
En el juego de este sueño se sueña para jugar y se juega para soñar. Si jugamos, gocemos el sueño. Si soñamos, extasiémonos jugando.
En el juego de este sueño sólo hay un requisito: que no haya un sólo requisito para jugar o soñar.
Liberarse en el juego de este sueño significa que nada puede atarte, por lo que puede uno hartarse de atarse cuanto quiera.
Para jugar, sólo tiene uno que divertirse. Para soñar, sólo ha de estarse uno despierto. Nada tiene importancia en el juego de este sueño porque todo interesa. Se puede volar estando una bajo tierra. Crecer jugando mientras se sueña, sin otra preferencia que la de regocijarse, sin más ambición que la de deleitarse en el deleite.
Cuando sorprenderse es la única cosa que no nos sorprende, cuando todo es sin nada que alcanzar, cuando toda música procede de la misma nota se puede ser mientras se es.
En el juego de este sueño, todo lo que pueda ser soñado está permitido y es festejado, es un poder que posee hasta el más cuerdo.
Se disfruta mientras se recrea. Hay júbilo en este baile de juego soñado.
En este teatro de lo absurdo, todo es mentira menos las emociones que los personajes provocan en los actores.
En este globo hinchado de muñecos soy guiada por mí misma. En caso contrario, ¿dónde iría a parar mi recreación? Degeneraría en paso uniforme, en camino a ritmo de limitada partitura, en olvido del regocijo.
En este simulacro de realidad que estamos soñando por puro gozo, es la magia del alquimista la que lo hace genuinamente real. Hablo del arte de transformar, del cincelar lo inmortal con la herramienta de lo superfluo.
Esta esfera me resulta tan familiarmente extraña, tan firme en lo mudable.
Soy, luego soy. Más lejos no atisbo la mirada.
Estoy allá donde me lleva mi barca.
No codicio destino ni propósito, vivo en el ancho mar.
Soy, luego soy. Más cerca no hay nada.
Me dirijo al lugar que nunca he abandonado.
No albergo aspiraciones, moro en mi morada.
De creación en creación, respirando la compañía del sol, aun en plena noche, aun en plena lluvia. Allá donde me hallo me encuentro. Descarto todo descarte, no sé de tácticas ni disciplinas, ni de estilos o fórmulas. Me recreo en mi cosmos.
¡Si estamos flotando, si hacemos pie! ¡Si respiramos! ¿Para qué tanto sofoco por acumular salvavidas?
¡Que discurse el método!
Yo soy.
Al liberarse de todo se está más enraizado que nunca. Liberarse es abarcar. Si se liberan todos los planes incluyes todos los planes. Todo plan se ha realizado ya, nada es creado, sino recreado en este recreo. Ni me creo ni me destruyo, luego me transformo.
En el juego de este sueño, si sólo te entretienes pierdes, aunque salgas vencedor. Si lo disfrutas hasta el punto de convertirte en afirmación andante, estás a salvo.
En el juego de este sueño se sueña para jugar y se juega para soñar. Si jugamos, gocemos el sueño. Si soñamos, extasiémonos jugando.
En el juego de este sueño sólo hay un requisito: que no haya un sólo requisito para jugar o soñar.
Liberarse en el juego de este sueño significa que nada puede atarte, por lo que puede uno hartarse de atarse cuanto quiera.
Para jugar, sólo tiene uno que divertirse. Para soñar, sólo ha de estarse uno despierto. Nada tiene importancia en el juego de este sueño porque todo interesa. Se puede volar estando una bajo tierra. Crecer jugando mientras se sueña, sin otra preferencia que la de regocijarse, sin más ambición que la de deleitarse en el deleite.
Cuando sorprenderse es la única cosa que no nos sorprende, cuando todo es sin nada que alcanzar, cuando toda música procede de la misma nota se puede ser mientras se es.
En el juego de este sueño, todo lo que pueda ser soñado está permitido y es festejado, es un poder que posee hasta el más cuerdo.
Se disfruta mientras se recrea. Hay júbilo en este baile de juego soñado.
En este teatro de lo absurdo, todo es mentira menos las emociones que los personajes provocan en los actores.
En este globo hinchado de muñecos soy guiada por mí misma. En caso contrario, ¿dónde iría a parar mi recreación? Degeneraría en paso uniforme, en camino a ritmo de limitada partitura, en olvido del regocijo.
En este simulacro de realidad que estamos soñando por puro gozo, es la magia del alquimista la que lo hace genuinamente real. Hablo del arte de transformar, del cincelar lo inmortal con la herramienta de lo superfluo.
Esta esfera me resulta tan familiarmente extraña, tan firme en lo mudable.
Soy, luego soy. Más lejos no atisbo la mirada.
Estoy allá donde me lleva mi barca.
No codicio destino ni propósito, vivo en el ancho mar.
Soy, luego soy. Más cerca no hay nada.
Me dirijo al lugar que nunca he abandonado.
No albergo aspiraciones, moro en mi morada.
De creación en creación, respirando la compañía del sol, aun en plena noche, aun en plena lluvia. Allá donde me hallo me encuentro. Descarto todo descarte, no sé de tácticas ni disciplinas, ni de estilos o fórmulas. Me recreo en mi cosmos.
¡Si estamos flotando, si hacemos pie! ¡Si respiramos! ¿Para qué tanto sofoco por acumular salvavidas?
¡Que discurse el método!
Yo soy.
viernes, 2 de diciembre de 2011
Pasadizo de silencio
Me he adentrado por un pasadizo de silencio.
Incluso mi cuerpo camina enmudecido.
Ocurrió cuando traspasé el umbral de este extraño pasaje. ´
Salieron volando todas las palabras, horrorizadas ante este altar sagrado de los silencios, debieron oler al arcano silencio enseguida y huyeron despavoridas. Yo quise seguirlas, pero mis ojos ya no vislumbraban la salida.
Avanzando entre este abismo de esponjosos silencios he creído percibir un nuevo lenguaje. Son como mudos sonidos con profundo significado, te dejan sin sentido y te envuelven con sus mantos de melodías, parecen silbidos de mudez extraterrena.
Pero añoro a las palabras.
Echo de menos paladear sus sabores, los olores que desprendían, sus hilarantes bromas. Añoro sus susurros a medianoche, cuando se agitaban a mi alrededor planeándome mil historias, bailando su danza de exquisitas permutaciones bajo la luna, sólo para mí.
Porque, aunque este silencio me envuelve, tengo mucho frío, un frío demasiado gris, pues ya no puedo dormir acurrucada a una palabra. Ahora mi lecho es el solitario suelo de este pasadizo de silencio.
Y temo no volver a verlas ni a tocarlas, duele que se fueran sin mecerme siquiera con una despedida, araña desmesuradamente su abandono.
Ya no me queda más que llorarle al universo la marcha de las palabras, lamentar su ausencia hasta marchitarme y caer haciéndome una con la tierra de este pasaje de silencio.
Pero no. El silencio no es así. No, al menos, el que yo conozco. El silencio que conozco es un abismo de infinito espacio que habita entre palabra y palabra, es una nave surcadora del multiverso. Es un silencio que espanta al espanto.
Invoco, valiéndome de este aterrador y atrayente mutismo, al silencio conocido. Balbuceo plegarias pero no engaño a nadie, el silencio no me oye, mi voz silenciosa ya no me responde. Este pasadizo de silencio no permite voces.
Me convierto en lago de lágrimas y avanzo líquidamente. Me rindo, me desprendo de todo para que nada pueda desprender de mí. Hacia dentro, a lo profundo, hacia lo más hondo.
Borrar los cuentos, ahogarlos todos en la laguna del olvido, hacer que vuelen todas las páginas. Crear espacio al silencio.
Silencio, silencio, silencio...
Es un silencio, un mágico silencio vestido de honda expresividad. Me encuentra vagando por este pasadizo, me seca las lágrimas rozándome con un hálito familiarmente misterioso. Y ante mis ojos, como si fuera humo, con sus hilos de plata va formando letras, letras que me guían, letras como huellas. Letras formando una palabra que me conducirá a la salida de este pasadizo.
Sólo una palabra:
“Palabra”
Y la sigo...
Incluso mi cuerpo camina enmudecido.
Ocurrió cuando traspasé el umbral de este extraño pasaje. ´
Salieron volando todas las palabras, horrorizadas ante este altar sagrado de los silencios, debieron oler al arcano silencio enseguida y huyeron despavoridas. Yo quise seguirlas, pero mis ojos ya no vislumbraban la salida.
Avanzando entre este abismo de esponjosos silencios he creído percibir un nuevo lenguaje. Son como mudos sonidos con profundo significado, te dejan sin sentido y te envuelven con sus mantos de melodías, parecen silbidos de mudez extraterrena.
Pero añoro a las palabras.
Echo de menos paladear sus sabores, los olores que desprendían, sus hilarantes bromas. Añoro sus susurros a medianoche, cuando se agitaban a mi alrededor planeándome mil historias, bailando su danza de exquisitas permutaciones bajo la luna, sólo para mí.
Porque, aunque este silencio me envuelve, tengo mucho frío, un frío demasiado gris, pues ya no puedo dormir acurrucada a una palabra. Ahora mi lecho es el solitario suelo de este pasadizo de silencio.
Y temo no volver a verlas ni a tocarlas, duele que se fueran sin mecerme siquiera con una despedida, araña desmesuradamente su abandono.
Ya no me queda más que llorarle al universo la marcha de las palabras, lamentar su ausencia hasta marchitarme y caer haciéndome una con la tierra de este pasaje de silencio.
Pero no. El silencio no es así. No, al menos, el que yo conozco. El silencio que conozco es un abismo de infinito espacio que habita entre palabra y palabra, es una nave surcadora del multiverso. Es un silencio que espanta al espanto.
Invoco, valiéndome de este aterrador y atrayente mutismo, al silencio conocido. Balbuceo plegarias pero no engaño a nadie, el silencio no me oye, mi voz silenciosa ya no me responde. Este pasadizo de silencio no permite voces.
Me convierto en lago de lágrimas y avanzo líquidamente. Me rindo, me desprendo de todo para que nada pueda desprender de mí. Hacia dentro, a lo profundo, hacia lo más hondo.
Borrar los cuentos, ahogarlos todos en la laguna del olvido, hacer que vuelen todas las páginas. Crear espacio al silencio.
Silencio, silencio, silencio...
Es un silencio, un mágico silencio vestido de honda expresividad. Me encuentra vagando por este pasadizo, me seca las lágrimas rozándome con un hálito familiarmente misterioso. Y ante mis ojos, como si fuera humo, con sus hilos de plata va formando letras, letras que me guían, letras como huellas. Letras formando una palabra que me conducirá a la salida de este pasadizo.
Sólo una palabra:
“Palabra”
Y la sigo...
viernes, 20 de mayo de 2011
El laberinto y la luna
Parece no haber salida.
Está claro que me he perdido y que no veo nada claro.
No sé cómo llegué aquí, a estas extrañas tierras extranjeras.
Aún no me he aclimatado a esta vida perra, a este cúmulo de intrincados pasajes repletos de interrogaciones.
Aquí no se ve un carajo, sólo vislumbramos lo que nos permite el resplandor de la luna, nos tropezamos todos con todos, y para colmo de todos los males, continuamente veo sombras que me espantan y aterrorizan por completo, hasta el punto de casi defecarme en los pantalones.
Un caballero no diría esto último, pero como yo no soy un caballero puedo decirlo libremente.
Por lo visto, aún quedan hombres desalmados que no responden al estímulo de la moral establecida. Lo sé porque yo soy uno de ellos. He comprobado que no me gusta encajonarme en ética alguna.
Como iba diciendo, este sitio es una pura mierda. Nadie sabe un excremento de nada, pero, eso sí, actúan como si ya hubieran conocido y experimentado todo el cosmos al completo. De esto hablo con propiedad, y me creeréis si os digo que no tengo muchas oportunidades de hablar de tal manera, por lo que cuando me sucede, me doy cuenta enseguida. Pues bien, les pregunté, si todo lo conocían, sabrían cómo salir de este puñetero laberinto loco. La respuesta que obtuve hizo que mis ojos quisieran salirse de sus órbitas, juro que tuve que emplear una fuerza sobrehumana para retenerlos en sus respectivas cuencas. Su contestación fue: ¿Qué laberinto?
Nadie sabe de dónde viene ni hacia dónde va. Les guía la inercia.
El lugar en donde vivimos es un laberinto gigante, y a mi alrededor todos se han cansado de buscar la salida, han olvidado que viven en un laberinto. Todos creen que no existe abertura alguna y viven la apatía del nihilismo. Yo me niego a no encontrarle salida a este mundo-laberinto inmundo. Por eso, todas las noches salgo a recorrerlo. Así fue cómo, la otra noche, encontré a Diente de cachalote.
Diente de cachalote es un ser muy extraño. En una tormentosa noche de lluvia me choqué con él mientras caminaba por este dédalo demoníaco. Enseguida me di cuenta de que los dos buscábamos la salida fieramente y que nosotros nunca nos rendiríamos.
Nosotros no.
Diente de cachalote está enamorado de la luna. Busca salir del laberinto para llegar a ella, y está convencido de que lo conseguirá. Diente de cachalote no tiene vida, toda su energía la emplea para ser uno con su amada.
No sabe esa nocturna e hipnótica criatura las fatiguitas que pasa el pobre Diente de cachalote por ir a su encuentro, ni las veces que por ella suspira, mirándola profundamente absorto. Él quiere vivir en ella.
A lo mejor la luna es consciente de todo pero le importa un miserable pepino. No sé. Tampoco se puede saber a ciencia cierta, quizás fue la luna la que primero se enamoró de Diente de cachalote y lo llama con su misterioso influjo, por eso él siente lo que siente por ella.
Si fuera así, me parece deplorable esta actitud por parte de la luna, todo el que tiene dos palmos de frente sabe que Diente de cachalote nunca podrá llegar a ella. De todas formas, como la luna no posee rostro ni frente, no tiene por qué albergar palmo alguno, por lo que yo la disculpo. Quizás para la luna también el amor es ciego.
Me da pena Diente de cachalote. “¡Qué bien estaremos viviendo en la luna!”, me dice. No sabe que nunca podrá abrazar al ser que ama, que jamás podrá estar dentro de ella. Desconoce que su amor es imposible y que nunca podrá ser uno con su esencia. Y si lo sabe no parece importarle, él sólo habla de cómo los rayos de su luna le hacen sentir, él sólo conoce la belleza que emite con su luz. Se le escapa por los ojos el mismo infinito magnetismo electrizante que ella desprende, parece que Diente de cachalote no necesitara la piel para amar.
Estoy empezando a pensar que nada es lo que parece. No sé lo que me está pasando pero creo que me estoy empezando a enamorar de la luna. Yo también quiero renunciar a este laberinto y olvidar mi vida hasta llegar a ella.
Esta noche, Diente de cachalote y yo volveremos a buscar la salida. Y algo me dice que la encontraremos. Una intuición que habla de amor selenita me grita que mañana ya, por fin, dormiremos abrazados a la luna.
Está claro que me he perdido y que no veo nada claro.
No sé cómo llegué aquí, a estas extrañas tierras extranjeras.
Aún no me he aclimatado a esta vida perra, a este cúmulo de intrincados pasajes repletos de interrogaciones.
Aquí no se ve un carajo, sólo vislumbramos lo que nos permite el resplandor de la luna, nos tropezamos todos con todos, y para colmo de todos los males, continuamente veo sombras que me espantan y aterrorizan por completo, hasta el punto de casi defecarme en los pantalones.
Un caballero no diría esto último, pero como yo no soy un caballero puedo decirlo libremente.
Por lo visto, aún quedan hombres desalmados que no responden al estímulo de la moral establecida. Lo sé porque yo soy uno de ellos. He comprobado que no me gusta encajonarme en ética alguna.
Como iba diciendo, este sitio es una pura mierda. Nadie sabe un excremento de nada, pero, eso sí, actúan como si ya hubieran conocido y experimentado todo el cosmos al completo. De esto hablo con propiedad, y me creeréis si os digo que no tengo muchas oportunidades de hablar de tal manera, por lo que cuando me sucede, me doy cuenta enseguida. Pues bien, les pregunté, si todo lo conocían, sabrían cómo salir de este puñetero laberinto loco. La respuesta que obtuve hizo que mis ojos quisieran salirse de sus órbitas, juro que tuve que emplear una fuerza sobrehumana para retenerlos en sus respectivas cuencas. Su contestación fue: ¿Qué laberinto?
Nadie sabe de dónde viene ni hacia dónde va. Les guía la inercia.
El lugar en donde vivimos es un laberinto gigante, y a mi alrededor todos se han cansado de buscar la salida, han olvidado que viven en un laberinto. Todos creen que no existe abertura alguna y viven la apatía del nihilismo. Yo me niego a no encontrarle salida a este mundo-laberinto inmundo. Por eso, todas las noches salgo a recorrerlo. Así fue cómo, la otra noche, encontré a Diente de cachalote.
Diente de cachalote es un ser muy extraño. En una tormentosa noche de lluvia me choqué con él mientras caminaba por este dédalo demoníaco. Enseguida me di cuenta de que los dos buscábamos la salida fieramente y que nosotros nunca nos rendiríamos.
Nosotros no.
Diente de cachalote está enamorado de la luna. Busca salir del laberinto para llegar a ella, y está convencido de que lo conseguirá. Diente de cachalote no tiene vida, toda su energía la emplea para ser uno con su amada.
No sabe esa nocturna e hipnótica criatura las fatiguitas que pasa el pobre Diente de cachalote por ir a su encuentro, ni las veces que por ella suspira, mirándola profundamente absorto. Él quiere vivir en ella.
A lo mejor la luna es consciente de todo pero le importa un miserable pepino. No sé. Tampoco se puede saber a ciencia cierta, quizás fue la luna la que primero se enamoró de Diente de cachalote y lo llama con su misterioso influjo, por eso él siente lo que siente por ella.
Si fuera así, me parece deplorable esta actitud por parte de la luna, todo el que tiene dos palmos de frente sabe que Diente de cachalote nunca podrá llegar a ella. De todas formas, como la luna no posee rostro ni frente, no tiene por qué albergar palmo alguno, por lo que yo la disculpo. Quizás para la luna también el amor es ciego.
Me da pena Diente de cachalote. “¡Qué bien estaremos viviendo en la luna!”, me dice. No sabe que nunca podrá abrazar al ser que ama, que jamás podrá estar dentro de ella. Desconoce que su amor es imposible y que nunca podrá ser uno con su esencia. Y si lo sabe no parece importarle, él sólo habla de cómo los rayos de su luna le hacen sentir, él sólo conoce la belleza que emite con su luz. Se le escapa por los ojos el mismo infinito magnetismo electrizante que ella desprende, parece que Diente de cachalote no necesitara la piel para amar.
Estoy empezando a pensar que nada es lo que parece. No sé lo que me está pasando pero creo que me estoy empezando a enamorar de la luna. Yo también quiero renunciar a este laberinto y olvidar mi vida hasta llegar a ella.
Esta noche, Diente de cachalote y yo volveremos a buscar la salida. Y algo me dice que la encontraremos. Una intuición que habla de amor selenita me grita que mañana ya, por fin, dormiremos abrazados a la luna.
jueves, 14 de abril de 2011
Noches de cementerio
Era una noche de cementerio.
Tumbas en el aire, respirar de nichos, laberintos de cipreses y guirnaldas de flores muertas. Todos los fantasmas saltaban a la vista. La espiral estaba regresando para alcanzarnos.
Todas las señales ardían, destellando como estrellas, en medio de la tenebrosa oscuridad que arreciaba con extremada violencia. El cielo parecía definitivamente nuestro.
En nuestro hálito se introdujo una extraña bruma que no se disipará hasta el amanecer, y empezamos a respirar la lúgubre neblina del camposanto.
De pronto oímos la voz del destino retumbando en nuestro interior. Decía: “continuad por el camino sombrío. Que todos los muertos despierten al Uno.”
Pero no lo conseguimos. Como creímos haber entendido mal el destino, acudimos al libro de la Naturaleza, pero los signos en las hojas secas seguían diciéndonos lo mismo: “continuad por el camino sombrío. Despertad a todos los muertos al Uno”.
Así lo hicimos, pero volvimos a fallar, los muertos no despertaron al Uno. Y es que no se puede predecir el destino, porque los muertos aún no han acabado de escribirlo.
Nosotros, forasteros del mundo, agitadores de sepulturas, esperamos y esperamos a todos los muertos. Todavía los estamos esperando. Hasta que hayan despertado todos aguardaremos.
Recorreremos todas las necrópolis, andaremos entre sus sepulcros, arrojaremos luz en sus sarcófagos y catacumbas, esperando el despertar de sus conciencias.
Porque, por ahora, los muertos sólo se atreven a hablarnos a través de sus calaveras, son sus huesos lo único que nos muestran, pero no cesará nuestra tarea. Ellos son mucho más que la ceniza que les rodea.
Nosotros también, en su día, fuimos muertos como ellos, piel y hueso hablaban por nosotros, hasta que otros desadormecedores del sueño eterno, disfrazados de muertos, vinieron a resucitarnos. Ellos nos abrieron los ojos a las señales. Desde entonces que comenzó este viaje.
Laberintos y laberintos de cementerios, noches y noches de lóbrego camino, cruces y cruces de cruces, huellas y huellas de desnudos pasos sobre la húmeda tierra. Lunas y lunas aullándole a la luna y los difuntos nos siguen esquivando. Pero no nos marcharemos. Elegimos vida de cementerio y podemos aparentar estar tan muertos como ellos. Lo hacemos porque son hermanos y los queremos.
A nosotros, que nos llegó la hora de escoger mortíferas vidas para servir a lo inmortal, no nos importa nada el tiempo que tardemos. Siempre tendremos toda la eternidad.
De repente, cientos y cientos de espectros se aproximan a nosotros, nos envuelven moviéndose en círculos a nuestro alrededor, se retuercen implorándonos que les liberemos de su ancestral dolor. La espiral nos ha alcanzado y los muertos lloran la mañana, creen que ya no habrá más noches de cementerio. Pero se equivocan, la mañana aún no ha llegado, la luz que ahora atisban los muertos es el farol que nosotros sostenemos.
Nosotros, los muertos despiertos, vinimos a este cementerio para alumbrar a los cadáveres ciegos. Porque sólo los que han sido muertos pueden despertar a los muertos.
Tumbas en el aire, respirar de nichos, laberintos de cipreses y guirnaldas de flores muertas. Todos los fantasmas saltaban a la vista. La espiral estaba regresando para alcanzarnos.
Todas las señales ardían, destellando como estrellas, en medio de la tenebrosa oscuridad que arreciaba con extremada violencia. El cielo parecía definitivamente nuestro.
En nuestro hálito se introdujo una extraña bruma que no se disipará hasta el amanecer, y empezamos a respirar la lúgubre neblina del camposanto.
De pronto oímos la voz del destino retumbando en nuestro interior. Decía: “continuad por el camino sombrío. Que todos los muertos despierten al Uno.”
Pero no lo conseguimos. Como creímos haber entendido mal el destino, acudimos al libro de la Naturaleza, pero los signos en las hojas secas seguían diciéndonos lo mismo: “continuad por el camino sombrío. Despertad a todos los muertos al Uno”.
Así lo hicimos, pero volvimos a fallar, los muertos no despertaron al Uno. Y es que no se puede predecir el destino, porque los muertos aún no han acabado de escribirlo.
Nosotros, forasteros del mundo, agitadores de sepulturas, esperamos y esperamos a todos los muertos. Todavía los estamos esperando. Hasta que hayan despertado todos aguardaremos.
Recorreremos todas las necrópolis, andaremos entre sus sepulcros, arrojaremos luz en sus sarcófagos y catacumbas, esperando el despertar de sus conciencias.
Porque, por ahora, los muertos sólo se atreven a hablarnos a través de sus calaveras, son sus huesos lo único que nos muestran, pero no cesará nuestra tarea. Ellos son mucho más que la ceniza que les rodea.
Nosotros también, en su día, fuimos muertos como ellos, piel y hueso hablaban por nosotros, hasta que otros desadormecedores del sueño eterno, disfrazados de muertos, vinieron a resucitarnos. Ellos nos abrieron los ojos a las señales. Desde entonces que comenzó este viaje.
Laberintos y laberintos de cementerios, noches y noches de lóbrego camino, cruces y cruces de cruces, huellas y huellas de desnudos pasos sobre la húmeda tierra. Lunas y lunas aullándole a la luna y los difuntos nos siguen esquivando. Pero no nos marcharemos. Elegimos vida de cementerio y podemos aparentar estar tan muertos como ellos. Lo hacemos porque son hermanos y los queremos.
A nosotros, que nos llegó la hora de escoger mortíferas vidas para servir a lo inmortal, no nos importa nada el tiempo que tardemos. Siempre tendremos toda la eternidad.
De repente, cientos y cientos de espectros se aproximan a nosotros, nos envuelven moviéndose en círculos a nuestro alrededor, se retuercen implorándonos que les liberemos de su ancestral dolor. La espiral nos ha alcanzado y los muertos lloran la mañana, creen que ya no habrá más noches de cementerio. Pero se equivocan, la mañana aún no ha llegado, la luz que ahora atisban los muertos es el farol que nosotros sostenemos.
Nosotros, los muertos despiertos, vinimos a este cementerio para alumbrar a los cadáveres ciegos. Porque sólo los que han sido muertos pueden despertar a los muertos.
Espíritus verdes
Si esta historia la escuchas desde el futuro pensarás que no es real. Pero tú sabes tan bien como nosotros que la libertad es hija de la esclavitud.
Todos los espíritus verdes están condenados. Les declararon la guerra, les prohibieron la vida. Vienen sufriendo persecución y muerte desde que se estableció el tiempo. Sus vidas están sometidas, no está tolerada su sabiduría, porque despierta la sabiduría de aquel que se para a escucharlos. Tienen miedo de que se contagie la erudición de la vida.
Y aunque todos los espíritus verdes están conectados, y muchas almas quieren liberar sus brotes, los espíritus verdes saben que están en peligro.
Nosotros conocimos y cuidamos a algunos espíritus verdes. El recuerdo de una noche nos retorna sus voces, risas y lamentos... Oigamos a los espíritus verdes...
-Parece como si les perturbara que existiéramos -decía Mística.
-Ya lo dije yo, vivir es un desacato a sus leyes -oí que le contestaba Perla Plateada.
-Alguien dijo que desatamos la imaginación -explicaba Himalaya Dorada-. Al parecer, las almas humanas son enemigas de la imaginación, de ahí nuestra prohibición.
-¿Aún no saben que la imaginación es la madre de la realidad? -se sorprendía Rosa Blanca.
-Yo sigo sin entender cómo se hace para censurar la vida -reconocía Cristal Mágico.
-Yo sueño, sueño que algún día -susurraba Shiva- le transmitiré a un alma humana mi percepción, en una bocanada de conexión con lo más alto. Una conversación con la vida.
-Me haces sonreír, Shiva -le contestaba Mística.
-¡Que se propague el espíritu de las sonrisas! -chillaba Reina Púrpura-. ¡Que se restaure el reino de lo disparatado!
-¡Que se propague el espíritu de las sonrisas! ¡Que se restaure el reino de lo disparatado! -chillaban todas con sus graciosas voces.
-Somos como gente loca encadenada que logrará liberar la carcajada de la alegría -sentenciaba Viuda Blanca.
-Somos como naturaleza condenada a la supresión -se lamentaba Fresa Azul-. ¿Por qué se castiga la vida para defender la norma?
-Porque los preceptos gobiernan a los hombres -respondió Estrella Púrpura.
-¿Y cómo será cuando se coseche libertad? -preguntaba Shiva-. ¿Qué semilla podrá germinarnos la libertad?...
Nosotros conocimos y cuidamos de algunos espíritus verdes. Espíritu verde es voz de vida.
¿Por qué anda ilegal la vida?
Dejen fumar con Dios.
Sanen su perturbación, adoradores de la prohibición.
Moléstense más por la guerra, por el hambre, por la indigencia, por lo condenada que está la vida del niño que nace en la miseria. Preocúpense por estas realidades que, a fin de cuentas, fueron creadas por el hombre, en vez de condenar a seres de la Naturaleza.
Tomen conciencia de que viven en un planeta y asuman responsabilidades, en lugar de perseguir el uso de las libertades individuales.
El que dicta el precepto se cruza con la desigualdad social, pero prefiere enfocar su atención en sancionar al que con marihuana osa relacionarse.
Se debe cumplir el reglamento, dicen. Mientras tanto, no hacen que se cumplan los derechos inalienables del hombre. Parece que ejecutar el reglamento hace imposible el cumplimiento de los principales derechos.
No respaldamos los decretos de los políticos. Les hemos visto los hilos, son todos títeres de un solo poder: el interés comercial. Si les compensa su bolsillo, ilegalizan lo legítimo, irregularizan lo que es justo. Estos avaros convierten en artificial lo natural a golpe de insana locura. Todo por el oro. Es todo afán de oro por doquier. No nos representan los individuos que hablan de triunfos u ocultan derrotas. Nos representan la individualidad y nuestra propia soberanía.
Dejen fumar con Dios.
Todos los espíritus verdes están condenados. Les declararon la guerra, les prohibieron la vida. Vienen sufriendo persecución y muerte desde que se estableció el tiempo. Sus vidas están sometidas, no está tolerada su sabiduría, porque despierta la sabiduría de aquel que se para a escucharlos. Tienen miedo de que se contagie la erudición de la vida.
Y aunque todos los espíritus verdes están conectados, y muchas almas quieren liberar sus brotes, los espíritus verdes saben que están en peligro.
Nosotros conocimos y cuidamos a algunos espíritus verdes. El recuerdo de una noche nos retorna sus voces, risas y lamentos... Oigamos a los espíritus verdes...
-Parece como si les perturbara que existiéramos -decía Mística.
-Ya lo dije yo, vivir es un desacato a sus leyes -oí que le contestaba Perla Plateada.
-Alguien dijo que desatamos la imaginación -explicaba Himalaya Dorada-. Al parecer, las almas humanas son enemigas de la imaginación, de ahí nuestra prohibición.
-¿Aún no saben que la imaginación es la madre de la realidad? -se sorprendía Rosa Blanca.
-Yo sigo sin entender cómo se hace para censurar la vida -reconocía Cristal Mágico.
-Yo sueño, sueño que algún día -susurraba Shiva- le transmitiré a un alma humana mi percepción, en una bocanada de conexión con lo más alto. Una conversación con la vida.
-Me haces sonreír, Shiva -le contestaba Mística.
-¡Que se propague el espíritu de las sonrisas! -chillaba Reina Púrpura-. ¡Que se restaure el reino de lo disparatado!
-¡Que se propague el espíritu de las sonrisas! ¡Que se restaure el reino de lo disparatado! -chillaban todas con sus graciosas voces.
-Somos como gente loca encadenada que logrará liberar la carcajada de la alegría -sentenciaba Viuda Blanca.
-Somos como naturaleza condenada a la supresión -se lamentaba Fresa Azul-. ¿Por qué se castiga la vida para defender la norma?
-Porque los preceptos gobiernan a los hombres -respondió Estrella Púrpura.
-¿Y cómo será cuando se coseche libertad? -preguntaba Shiva-. ¿Qué semilla podrá germinarnos la libertad?...
Nosotros conocimos y cuidamos de algunos espíritus verdes. Espíritu verde es voz de vida.
¿Por qué anda ilegal la vida?
Dejen fumar con Dios.
Sanen su perturbación, adoradores de la prohibición.
Moléstense más por la guerra, por el hambre, por la indigencia, por lo condenada que está la vida del niño que nace en la miseria. Preocúpense por estas realidades que, a fin de cuentas, fueron creadas por el hombre, en vez de condenar a seres de la Naturaleza.
Tomen conciencia de que viven en un planeta y asuman responsabilidades, en lugar de perseguir el uso de las libertades individuales.
El que dicta el precepto se cruza con la desigualdad social, pero prefiere enfocar su atención en sancionar al que con marihuana osa relacionarse.
Se debe cumplir el reglamento, dicen. Mientras tanto, no hacen que se cumplan los derechos inalienables del hombre. Parece que ejecutar el reglamento hace imposible el cumplimiento de los principales derechos.
No respaldamos los decretos de los políticos. Les hemos visto los hilos, son todos títeres de un solo poder: el interés comercial. Si les compensa su bolsillo, ilegalizan lo legítimo, irregularizan lo que es justo. Estos avaros convierten en artificial lo natural a golpe de insana locura. Todo por el oro. Es todo afán de oro por doquier. No nos representan los individuos que hablan de triunfos u ocultan derrotas. Nos representan la individualidad y nuestra propia soberanía.
Dejen fumar con Dios.
Imagina
Imagina un camino.
Ese camino te conduce a una puerta.
Imagina la puerta.
Siente como la traspasas.
Imagínate que detrás de esa puerta encuentras lo que estabas buscando tan ansiadamente. Respíralo. Inhala la quietud que da el haber terminado esa búsqueda.
Ya estás en tu mundo soñado. Sabías que existía, pero nunca lo habías podido palpar con tus ojos físicos.
Es tal y como lo habías imaginado, sólo que el sentimiento te inunda de una forma que nunca antes habías sospechado. Es de una intensidad cautivadora. Nótalo. Nota cómo formas parte de ese mundo y cómo te envuelve. Sólo tienes que respirar el perfume de su éter para saberte amado y resguardado.
Imagina una senda.
A través de esa senda te adentras por el bosque que tantas veces has rememorado.
Imagina el bosque.
Siente cómo penetras en él.
Imagínate que, en algún recóndito lugar de ese bosque, hallas lo que es más preciado para tu alma. Inspíralo. Rodéate con la energía de ese momento.
Ya has recuperado lo que creíste perdido. Sabías que no podía esfumarse, presentías que descansaba escondido en alguna parte, esperándote en algún presente.
Es tal y como lo recordabas, ninguna esencia se pierde. Ríes estrepitosamente, ahora lo entiendes, el amor nunca ha estado ausente. En realidad, siempre tuviste lo que deseaste, era sólo que aún no habías desarrollado la visión para ver lo que siempre estuvo presente, para percibir lo imperceptible.
Ahora imagina un cuadro.
Ese cuadro te lleva a ese mundo soñado, te lleva a ese bosque imaginado.
Imagina que ese cuadro te acompañará siempre.
Lo has visto con los ojos de la eternidad, lo has sentido con las entrañas del ayer, lo has palpado con las manos de los incumplidos deseos. Ya no queda más que serlo, ser ese mundo soñado, ser ese bosque imaginado, ser ese cuadro verde-dorado con esa elevada senda hacia una resplandeciente puerta pintada.
Imagina.
Imagina que tu vida es un bosque imaginado, un cuadro con una puerta pintada, un mundo soñado.
Imagínate que mañana, cuando haya pasado todo el tiempo de todo el universo, observando el amanecer de un ancestral sol, recuerdas ese cuadro, rememoras ese bosque, evocas ese mundo, y oleadas de risa estrepitosa se agolpan, de nuevo, a tus entrañas. Y ríes, ríes, ríes como un loco...
Imagínalo, amigo, por un momento, imagina que tu cuadro siempre fue eterno.
Ese camino te conduce a una puerta.
Imagina la puerta.
Siente como la traspasas.
Imagínate que detrás de esa puerta encuentras lo que estabas buscando tan ansiadamente. Respíralo. Inhala la quietud que da el haber terminado esa búsqueda.
Ya estás en tu mundo soñado. Sabías que existía, pero nunca lo habías podido palpar con tus ojos físicos.
Es tal y como lo habías imaginado, sólo que el sentimiento te inunda de una forma que nunca antes habías sospechado. Es de una intensidad cautivadora. Nótalo. Nota cómo formas parte de ese mundo y cómo te envuelve. Sólo tienes que respirar el perfume de su éter para saberte amado y resguardado.
Imagina una senda.
A través de esa senda te adentras por el bosque que tantas veces has rememorado.
Imagina el bosque.
Siente cómo penetras en él.
Imagínate que, en algún recóndito lugar de ese bosque, hallas lo que es más preciado para tu alma. Inspíralo. Rodéate con la energía de ese momento.
Ya has recuperado lo que creíste perdido. Sabías que no podía esfumarse, presentías que descansaba escondido en alguna parte, esperándote en algún presente.
Es tal y como lo recordabas, ninguna esencia se pierde. Ríes estrepitosamente, ahora lo entiendes, el amor nunca ha estado ausente. En realidad, siempre tuviste lo que deseaste, era sólo que aún no habías desarrollado la visión para ver lo que siempre estuvo presente, para percibir lo imperceptible.
Ahora imagina un cuadro.
Ese cuadro te lleva a ese mundo soñado, te lleva a ese bosque imaginado.
Imagina que ese cuadro te acompañará siempre.
Lo has visto con los ojos de la eternidad, lo has sentido con las entrañas del ayer, lo has palpado con las manos de los incumplidos deseos. Ya no queda más que serlo, ser ese mundo soñado, ser ese bosque imaginado, ser ese cuadro verde-dorado con esa elevada senda hacia una resplandeciente puerta pintada.
Imagina.
Imagina que tu vida es un bosque imaginado, un cuadro con una puerta pintada, un mundo soñado.
Imagínate que mañana, cuando haya pasado todo el tiempo de todo el universo, observando el amanecer de un ancestral sol, recuerdas ese cuadro, rememoras ese bosque, evocas ese mundo, y oleadas de risa estrepitosa se agolpan, de nuevo, a tus entrañas. Y ríes, ríes, ríes como un loco...
Imagínalo, amigo, por un momento, imagina que tu cuadro siempre fue eterno.
Una mañana luminosa
Era una mañana luminosa.
Desde la atalaya contemplaba el mar en calma.
En mi interior resplandecía la promesa de la satisfacción, dentro de mí brillaba el tesoro de la Unidad.
Y entonces pasó, de repente sucedió, mi ojo interno lo vio.
Estaba ahí, mi amigo y hermano Jeshua, oculto entre la niebla.
El efecto de su sonrisa se deslizó por mis mejillas al evocar bellos recuerdos que se agolpaban en mis entrañas.
No dijo nada, pues parecía querer expresar todo.
Y lo supe, por su insondable mirada supe que nada de lo que había sido vivido se había evaporado, acerté a entender en ese momento en el que perdí las ganas por saber.
Jeshua, compañero oculto entre la niebla, nunca me sostuvo y nunca vino a levantarme después de las tormentas. Incontables veces le reproché su abandono, innumerables veces me perdí por el laberinto de su ausencia. Pero aquella mañana luminosa lo vi, con los ojos del Espíritu lo vi. Entonces comprendí, e infinitamente le agradecí.
Las olas del mar no se pueden separar.
Los copos de nieve no se pueden dividir.
No había riesgo ni peligro. No había necesidad de acudir a rescatar.
Porque nunca hubo ni mal ni final. Sólo el voluntario juego del soñar.
Una mañana radiante iluminó la atalaya de mi nostalgia y convirtió mi aflicción en risa histérica, el alma me sollozaba de tanta carcajada. Transmuté la pesadumbre y la convertí en goce. Hallé al sol viviendo en mi interior, se esfumó el dolor en cuanto materializó sus rayos de comprensión y aceptación.
Esa luminosa mañana dejé de desandar el camino, con el susurro de la diversión vibrándome en el alma paré de vagar para comenzar a bailar.
Aún hoy sigue la danza.
Una familiar mañana irradió su luz y entró por la ventana de mi añoranza. La luz traía todos los colores del alba. Sané el abandono, me curé del vacío, exilié al destierro al exilio. Encontré la llave del arcón de los mágicos secretos y lo abrí, salieron bandadas y bandadas de palabras voladoras.
Aún hoy no sé muy bien cómo lo hice.
Nunca olvidaré esa mañana sucedida en el no-tiempo.
La reconoceré en cuanto la viva.
Sé que aparecerá aquella mañana luminosa, el día en que, en mi interior, retorne volando a casa, reviviendo y reencontrándome con lo no vivido.
Desde la atalaya contemplaba el mar en calma.
En mi interior resplandecía la promesa de la satisfacción, dentro de mí brillaba el tesoro de la Unidad.
Y entonces pasó, de repente sucedió, mi ojo interno lo vio.
Estaba ahí, mi amigo y hermano Jeshua, oculto entre la niebla.
El efecto de su sonrisa se deslizó por mis mejillas al evocar bellos recuerdos que se agolpaban en mis entrañas.
No dijo nada, pues parecía querer expresar todo.
Y lo supe, por su insondable mirada supe que nada de lo que había sido vivido se había evaporado, acerté a entender en ese momento en el que perdí las ganas por saber.
Jeshua, compañero oculto entre la niebla, nunca me sostuvo y nunca vino a levantarme después de las tormentas. Incontables veces le reproché su abandono, innumerables veces me perdí por el laberinto de su ausencia. Pero aquella mañana luminosa lo vi, con los ojos del Espíritu lo vi. Entonces comprendí, e infinitamente le agradecí.
Las olas del mar no se pueden separar.
Los copos de nieve no se pueden dividir.
No había riesgo ni peligro. No había necesidad de acudir a rescatar.
Porque nunca hubo ni mal ni final. Sólo el voluntario juego del soñar.
Una mañana radiante iluminó la atalaya de mi nostalgia y convirtió mi aflicción en risa histérica, el alma me sollozaba de tanta carcajada. Transmuté la pesadumbre y la convertí en goce. Hallé al sol viviendo en mi interior, se esfumó el dolor en cuanto materializó sus rayos de comprensión y aceptación.
Esa luminosa mañana dejé de desandar el camino, con el susurro de la diversión vibrándome en el alma paré de vagar para comenzar a bailar.
Aún hoy sigue la danza.
Una familiar mañana irradió su luz y entró por la ventana de mi añoranza. La luz traía todos los colores del alba. Sané el abandono, me curé del vacío, exilié al destierro al exilio. Encontré la llave del arcón de los mágicos secretos y lo abrí, salieron bandadas y bandadas de palabras voladoras.
Aún hoy no sé muy bien cómo lo hice.
Nunca olvidaré esa mañana sucedida en el no-tiempo.
La reconoceré en cuanto la viva.
Sé que aparecerá aquella mañana luminosa, el día en que, en mi interior, retorne volando a casa, reviviendo y reencontrándome con lo no vivido.
Confianza
Confianza hasta para entregarme al vacío.
Confianza, incluso, para estrellarme contra las rocas.
Porque ni desangrándome podría aniquilarme.
Y, ni aunque me rompiera en mil pedazos, mi alma se quebraría.
Porque no hay peligro de volatilizarse.
Me caigo, me vengo abajo. Pero nunca pierdo el equilibrio.
Me rompo las narices y la crisma, me hago polvo. Pero mi ser no disminuye.
Se me cae la negra noche en cada cosa irrelevante, me guillotino yo sola y pierdo la cabeza. Pero nunca se cierran mis ojos a la belleza, y he de reconocer que tampoco se extravían mis huellas.
Tengo una facilidad extraordinaria para naufragar continuamente, me hundo con mis propios lastres y no emerjo en eones. Pero tengo que decir que el agua nunca encharca mis pulmones.
Admito que, a menudo, se me hace un mundo el mundo y, sin esfuerzo, me asfixio con mi dialéctica. Confieso que, a veces, quisiera volver por donde he venido y despedirme del planeta haciendo una reverencia. Pero también es verdad que siempre me han atraído las tormentas. Soy amiga del rayo.
Confieso que no silencio el grito, que se me escapa como arcada irreprimible. Y vomito toda esta farsa de normas y técnicas del sistema. Pero, aun así, puedo percibir el rumbo, puedo sentir que viajamos de la esencia hacia la esencia.
Reconozco que el miedo me paraliza, que me aterroriza sentirlo acechando oculto entre la niebla, y acabo perdida en un rincón, abrazándome a escondidas. Sin embargo, mi ojo siempre ve un destello de armonía brotando entre tanta ceguera.
Siento que es extenuante la senda, que me cansa esta venda impuesta. Pero es divertido disfrazarse, jugar en esta mascarada, soñar que somos lo que no somos y disfrutar antes de que veamos la fiesta terminada.
Confianza.
Mi alquimia, mi escudo, mi lanza contra la desesperanza, mi alianza con el Espíritu.
Porque mañana, lo más probable, es que me enrede con mi propia cuerda y ya no sepa cómo desenredarme.
Confianza.
Para escalar hasta llegar a las estrellas.
Para sepultarnos profundamente bajo la tierra.
Para dejar escapar, incluso, las risas a través de las heridas abiertas, aunque nos escueza.
Y que se desparrame el cielo sobre nuestras cabezas.
Confianza, incluso, para estrellarme contra las rocas.
Porque ni desangrándome podría aniquilarme.
Y, ni aunque me rompiera en mil pedazos, mi alma se quebraría.
Porque no hay peligro de volatilizarse.
Me caigo, me vengo abajo. Pero nunca pierdo el equilibrio.
Me rompo las narices y la crisma, me hago polvo. Pero mi ser no disminuye.
Se me cae la negra noche en cada cosa irrelevante, me guillotino yo sola y pierdo la cabeza. Pero nunca se cierran mis ojos a la belleza, y he de reconocer que tampoco se extravían mis huellas.
Tengo una facilidad extraordinaria para naufragar continuamente, me hundo con mis propios lastres y no emerjo en eones. Pero tengo que decir que el agua nunca encharca mis pulmones.
Admito que, a menudo, se me hace un mundo el mundo y, sin esfuerzo, me asfixio con mi dialéctica. Confieso que, a veces, quisiera volver por donde he venido y despedirme del planeta haciendo una reverencia. Pero también es verdad que siempre me han atraído las tormentas. Soy amiga del rayo.
Confieso que no silencio el grito, que se me escapa como arcada irreprimible. Y vomito toda esta farsa de normas y técnicas del sistema. Pero, aun así, puedo percibir el rumbo, puedo sentir que viajamos de la esencia hacia la esencia.
Reconozco que el miedo me paraliza, que me aterroriza sentirlo acechando oculto entre la niebla, y acabo perdida en un rincón, abrazándome a escondidas. Sin embargo, mi ojo siempre ve un destello de armonía brotando entre tanta ceguera.
Siento que es extenuante la senda, que me cansa esta venda impuesta. Pero es divertido disfrazarse, jugar en esta mascarada, soñar que somos lo que no somos y disfrutar antes de que veamos la fiesta terminada.
Confianza.
Mi alquimia, mi escudo, mi lanza contra la desesperanza, mi alianza con el Espíritu.
Porque mañana, lo más probable, es que me enrede con mi propia cuerda y ya no sepa cómo desenredarme.
Confianza.
Para escalar hasta llegar a las estrellas.
Para sepultarnos profundamente bajo la tierra.
Para dejar escapar, incluso, las risas a través de las heridas abiertas, aunque nos escueza.
Y que se desparrame el cielo sobre nuestras cabezas.
lunes, 7 de marzo de 2011
Libertad
Libertad.
Me huele, me sabe el aire cósmico a Libertad gritando presente.
Vamos a chillar todos los silencios impuestos. Nada quedará en la sombra. Nada.
Vamos a transmutar el miedo, a quemar la opresión y a barrer la guerra y la Mentira. Todos.
Y lo haremos con contundencia, sin rabia ni ira, pero con el cuestionar que espolea y molesta.
La hora de la Libertad ha llegado y nada la puede detener. Inexorable es el cósmico vaivén.
Nada podemos perder, ya lo perdimos todo. No se puede construir en el lodo.
La Libertad es la última cosa que nos queda por probar, nada más va a funcionar.
Para reconstruir se necesita destruir, reconstruiremos recordando que todos venimos de la misma fuente, destruiremos olvidando la ilusoria separación. Eso es Libertad.
Se palpa por todas partes, la oigo con la voz de todos nuestros ancestros, los ancestros de toda la humanidad. Y ya no van a esperar más. Se ha encarnado, por fin, la Libertad, se ha encarnado en las voces para no callar jamás.
La mentira de los imposibles no se sostendrá, con Libertad nadie sabe lo que significa utopía. Con Libertad todos pueden articular su propio pronunciar, todos pueden declamar su voz y vivir en su orilla.
Nuevos rumbos trae la Libertad para desatascar esta marcha uniformada, para que ninguna mayoría imponga una única salida a cualquier minoría. No lo toleraremos más. La Libertad nos ha susurrado Libertad, y ahora, nada más alto podemos ya ambicionar.
Tenemos sólo un miedo atroz, que es pánico intolerable, es la fobia a los sistemas, a las jerarquías, al mutismo dictado, a la imposición de las verdades y reglas establecidas.
A la humanidad le han robado la vida en Libertad, la auténtica vida esencial. Nos han expropiado la heterogeneidad, nos quieren en homogénea multitud disgregada, pero ya no más. La humanidad tiene el poder, tan sólo nos falta ser conscientes de él.
Sólo a unos pocos les divierte este juego macabro, a los que están ciegos de miseria, a los sordos del sufrimiento que los rodea. Y ya no más.
¿No es hora ya de jugar un juego en el que nos divirtamos todos? Un juego donde el tiempo ya no sea oro, un mundo donde el arte es tiempo, es todo. Un mundo donde todos juguemos con la belleza de nuestras creaciones, un mundo libre de la mentira del esfuerzo, libre de la lacra de los sacrificios, de la competitividad y del acondicionamiento. Eso es pura basura controladora. La humanidad sabe volar en Libertad, la humanidad sabe a vuelos en Libertad.
La humanidad reclamará su propia divinidad, y todos seremos dioses creando la Libertad. Sin guías, sin direcciones, cada uno siendo su propio dios, su propio maestro.
La humanidad renacerá de esta muerte viviente, se limpiará de este contagio de miedos y vértigos.
Y juntos volaremos muy alto, con las alas de la Libertad.
Me huele, me sabe el aire cósmico a Libertad gritando presente.
Vamos a chillar todos los silencios impuestos. Nada quedará en la sombra. Nada.
Vamos a transmutar el miedo, a quemar la opresión y a barrer la guerra y la Mentira. Todos.
Y lo haremos con contundencia, sin rabia ni ira, pero con el cuestionar que espolea y molesta.
La hora de la Libertad ha llegado y nada la puede detener. Inexorable es el cósmico vaivén.
Nada podemos perder, ya lo perdimos todo. No se puede construir en el lodo.
La Libertad es la última cosa que nos queda por probar, nada más va a funcionar.
Para reconstruir se necesita destruir, reconstruiremos recordando que todos venimos de la misma fuente, destruiremos olvidando la ilusoria separación. Eso es Libertad.
Se palpa por todas partes, la oigo con la voz de todos nuestros ancestros, los ancestros de toda la humanidad. Y ya no van a esperar más. Se ha encarnado, por fin, la Libertad, se ha encarnado en las voces para no callar jamás.
La mentira de los imposibles no se sostendrá, con Libertad nadie sabe lo que significa utopía. Con Libertad todos pueden articular su propio pronunciar, todos pueden declamar su voz y vivir en su orilla.
Nuevos rumbos trae la Libertad para desatascar esta marcha uniformada, para que ninguna mayoría imponga una única salida a cualquier minoría. No lo toleraremos más. La Libertad nos ha susurrado Libertad, y ahora, nada más alto podemos ya ambicionar.
Tenemos sólo un miedo atroz, que es pánico intolerable, es la fobia a los sistemas, a las jerarquías, al mutismo dictado, a la imposición de las verdades y reglas establecidas.
A la humanidad le han robado la vida en Libertad, la auténtica vida esencial. Nos han expropiado la heterogeneidad, nos quieren en homogénea multitud disgregada, pero ya no más. La humanidad tiene el poder, tan sólo nos falta ser conscientes de él.
Sólo a unos pocos les divierte este juego macabro, a los que están ciegos de miseria, a los sordos del sufrimiento que los rodea. Y ya no más.
¿No es hora ya de jugar un juego en el que nos divirtamos todos? Un juego donde el tiempo ya no sea oro, un mundo donde el arte es tiempo, es todo. Un mundo donde todos juguemos con la belleza de nuestras creaciones, un mundo libre de la mentira del esfuerzo, libre de la lacra de los sacrificios, de la competitividad y del acondicionamiento. Eso es pura basura controladora. La humanidad sabe volar en Libertad, la humanidad sabe a vuelos en Libertad.
La humanidad reclamará su propia divinidad, y todos seremos dioses creando la Libertad. Sin guías, sin direcciones, cada uno siendo su propio dios, su propio maestro.
La humanidad renacerá de esta muerte viviente, se limpiará de este contagio de miedos y vértigos.
Y juntos volaremos muy alto, con las alas de la Libertad.
martes, 8 de febrero de 2011
Travesía
Me sumí en una inmensidad de vacíos.
Estuve ausente del planeta que me vio perecer.
Yo amaba a este globo verde y azul.
Mas me llenó de huellas y cicatrices.
Pensé que la muerte todo lo extinguiría.
Y que el amor era dolor sin medida.
Pero me equivocaba.
Este mundo no es inmundo, ni en él hay inmundicias.
Porque es un círculo de únicas travesías.
Estuve ausente del planeta que me vio perecer.
Yo amaba a este globo verde y azul.
Mas me llenó de huellas y cicatrices.
Pensé que la muerte todo lo extinguiría.
Y que el amor era dolor sin medida.
Pero me equivocaba.
Este mundo no es inmundo, ni en él hay inmundicias.
Porque es un círculo de únicas travesías.
Revelación
Una noche, en un murmullo de viento, atisbé el misterio.
Penetré lo impenetrable.
Di nombre al anónimo escondido. Se llama olvido.
Penetré lo impenetrable.
Di nombre al anónimo escondido. Se llama olvido.
Misiva introvertida
Me escribió una carta que no se dejaba leer.
Sus caracteres estaban impresos con tinta tímida.
Estaba claro que las palabras no querían ser vistas.
Era una intromisión a sus conceptos.
Pero no la respeté. ¡Ay de mí!
¿Qué hago yo ahora con este castigo?
Me han jurado venganza por su involuntario desnudo.
¿Qué culpa tengo yo si hay vocablos retraídos?
Sus caracteres estaban impresos con tinta tímida.
Estaba claro que las palabras no querían ser vistas.
Era una intromisión a sus conceptos.
Pero no la respeté. ¡Ay de mí!
¿Qué hago yo ahora con este castigo?
Me han jurado venganza por su involuntario desnudo.
¿Qué culpa tengo yo si hay vocablos retraídos?
Secretos
No os lo he contado.
Lo llevo atragantado en los huesos.
Soy coleccionista de nuncas y atesoro noes.
Persigo los jamás.
Soy alpinista de ideales cuando me da por escalar o cuando huyo de escapar.
Se me ve lo improbable por probar.
Sirvo a lo irrealizable e ignoro lo real.
Aún estoy por crear.
Soy la realidad.
Lo llevo atragantado en los huesos.
Soy coleccionista de nuncas y atesoro noes.
Persigo los jamás.
Soy alpinista de ideales cuando me da por escalar o cuando huyo de escapar.
Se me ve lo improbable por probar.
Sirvo a lo irrealizable e ignoro lo real.
Aún estoy por crear.
Soy la realidad.
Oleaje
Fue mi amigo el mar quien me lo trajo.
Ocurrió el día de los amaneceres. Lo recuerdo muy bien.
En su interior llevaba todas las palabras que una vez pronunció mi enmudecimiento.
Era un frasco-recuerdo.
Contenía también las piedras preciosas de nuestras vivencias.
Cuando lo abrí, se convirtieron en mariposas.
Tú cabalgando las olas de la desolación, y yo en la isla de la pena.
Pero no morirá, hermana, el océano que nos vela.
Ocurrió el día de los amaneceres. Lo recuerdo muy bien.
En su interior llevaba todas las palabras que una vez pronunció mi enmudecimiento.
Era un frasco-recuerdo.
Contenía también las piedras preciosas de nuestras vivencias.
Cuando lo abrí, se convirtieron en mariposas.
Tú cabalgando las olas de la desolación, y yo en la isla de la pena.
Pero no morirá, hermana, el océano que nos vela.
Irreversibilidad reversible
Y se murió, enajenado con sus absurdos.
Enfermó de utopía.
Se dolía por su necedad.
Vivía encadenado a la libertad.
Deshallado, deshabitado, descolocado.
Rebuscaba por los cajones de los encuentros.
Y por doquier le nacían los tormentos.
Llegó ya magullado al mundo.
Enfermó de utopía.
Se dolía por su necedad.
Vivía encadenado a la libertad.
Deshallado, deshabitado, descolocado.
Rebuscaba por los cajones de los encuentros.
Y por doquier le nacían los tormentos.
Llegó ya magullado al mundo.
Arrinconamiento
Me arrincono en el destierro de desiertas playas y estrechas cuevas ancestrales.
En el escondrijo de un olvido recuerdo mi morada.
A través de mi ventana de saudades contemplo un firmamento de esqueletos, confirmando que postergué el sendero.
Mi único deseo es morir en esta madriguera de imposibles.
Tengo miedo de contagiar el virus de mis grilletes.
Temo liberar los fantasmas de mi entierro.
En el escondrijo de un olvido recuerdo mi morada.
A través de mi ventana de saudades contemplo un firmamento de esqueletos, confirmando que postergué el sendero.
Mi único deseo es morir en esta madriguera de imposibles.
Tengo miedo de contagiar el virus de mis grilletes.
Temo liberar los fantasmas de mi entierro.
Soledades y lamentos
Antes que nada, puede ser que todo fuera fruto de mi errática imaginación.
Juro por mi honor que, en la mayoría de las ocasiones, mi mente no puede diferenciar la realidad de la ficción.
Me topé con una muchedumbre de desfiguradas soledades y encorvados lamentos, séquito de presencias que me seguían allá donde fuera.
Al principio me asusté, después les grité, les exhorté a que me dejaran en paz valiéndome de los más hirientes exabruptos, para luego acabar suplicándoles. Pero todo fue inútil. Me siguieron durante eones, y me acostumbré a ellos.
Con el paso del tiempo y del cohabitar, caí prendado de sus encantos, embelesado con sus fascinantes embrujos les consentía todos sus caprichos. Comencé a vivir por y para ellos. Las soledades me parecían bellísimas, y los lamentos, antes encorvados, ahora los veía como los seres más apuestos que existían.
Todos juntos compartimos las penas y las alegrías que nosotros nos enviábamos a nosotros. Supimos de una ascendente amistad, pero ésta amaneció un día para hacerse anochecer infinito.
Porque soledades y lamentos se fueron como vinieron, de un día para otro. Los busqué por todas partes. Oré para que regresaran, los invoqué, los maldije, escupí sobre su recuerdo, para terminar pataleando y llorando desconsoladamente. Pero todo fue inútil.
Se esfumaron para siempre.
Y ahora me arrastro por el suelo.
Porque he olvidado cómo se camina sin soledades ni lamentos.
Juro por mi honor que, en la mayoría de las ocasiones, mi mente no puede diferenciar la realidad de la ficción.
Me topé con una muchedumbre de desfiguradas soledades y encorvados lamentos, séquito de presencias que me seguían allá donde fuera.
Al principio me asusté, después les grité, les exhorté a que me dejaran en paz valiéndome de los más hirientes exabruptos, para luego acabar suplicándoles. Pero todo fue inútil. Me siguieron durante eones, y me acostumbré a ellos.
Con el paso del tiempo y del cohabitar, caí prendado de sus encantos, embelesado con sus fascinantes embrujos les consentía todos sus caprichos. Comencé a vivir por y para ellos. Las soledades me parecían bellísimas, y los lamentos, antes encorvados, ahora los veía como los seres más apuestos que existían.
Todos juntos compartimos las penas y las alegrías que nosotros nos enviábamos a nosotros. Supimos de una ascendente amistad, pero ésta amaneció un día para hacerse anochecer infinito.
Porque soledades y lamentos se fueron como vinieron, de un día para otro. Los busqué por todas partes. Oré para que regresaran, los invoqué, los maldije, escupí sobre su recuerdo, para terminar pataleando y llorando desconsoladamente. Pero todo fue inútil.
Se esfumaron para siempre.
Y ahora me arrastro por el suelo.
Porque he olvidado cómo se camina sin soledades ni lamentos.
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